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Programa de Gobierno

Carlos Galan

Introducción

PROGRAMA DE GOBIERNO

CARLOS GALÁN ALCALDE DE BOGOTÁ D.C., 2012-2015 

Son enormes los desafíos que tiene la ciudad por delante: darle más oportunidades a sus habitantes y hacer realidad sus derechos; generar políticas para proporcionar empleos dignos; dar lugar a una Bogotá amigable con el ciudadano que pueda sentirse seguro y disfrutar del espacio público; lograr una urbe sostenible que pueda hacerle frente a los retos que nos impone el medio ambiente y, en especial, el cambio climático; que pueda insertarse exitosamente en los mercados internacionales; que modernice su aparato estatal contando con una infraestructura adecuada que nos haga más competitivos, por mencionar solo algunos.

No queremos quedarnos en el afán por encontrar soluciones de corto plazo a los problemas de nuestra ciudad. Queremos pensar en grande y para las generaciones futuras. No se trata de pensar en la ciudad de los próximos cuatro años, si no en la Bogotá del siglo XXI.

Pero para lograrlo tenemos que trasformar profundamente nuestro Estado para que sea moderno y eficiente. No puede haber una política pública exitosa si no hay una institucionalidad fuerte que la haga realidad. Por eso la pregunta no sólo debe ser cuántos recursos gastamos en nuestra ciudad, sino cómo los gastamos.

Lamentablemente, en los últimos años la corrupción ha carcomido nuestra institucionalidad como nunca antes en la historia reciente de la ciudad. Por eso, hemos desarrollado un amplio catálogo de medidas para enfrentar este flagelo. Pero para que el próximo Alcalde pueda recuperar la confianza de los ciudadanos, nada es más importante que el ejemplo de probidad en la ejecución de recursos públicos que demuestre, junto a la de su equipo de trabajo.

Estamos absolutamente convencidos de la capacidad que tienen quienes habitan la ciudad. Somos personas emprendedoras, con una voluntad a toda prueba y un deseo enorme de salir adelante. Los bogotanos y bogotanas lo que piden a gritos no es simple asistencialismo. Son oportunidades para progresar y desarrollar su proyecto de vida. Frente a estos millones de capitalinos el Estado tiene que dar respuestas adecuadas. De ahí que una agresiva política social ejecutada por un Estado moderno, sea un deber ético de esta generación con las siguientes.

Temas como la educación de calidad y el acceso a la educación universitaria; la calidad de salud que reciben los usuarios del sistema; la generación de ingresos dignos para las familias; la necesidad de dar a cientos de miles de bogotanos y bogotanas un techo tienen que ser, entre otras, prioridades para lograr una ciudad más incluyente. Por eso hablamos de un desarrollo con rostro humano. Porque sabemos que detrás de cada estadística sobre analfabetismo, venta informal, número de camas en los hospitales o desempleo se esconde el drama de una familia. Y para ellos es que vamos a gobernar. Un gobierno que pierda de vista que su razón de ser es la gente, es un gobierno sin norte y destinado a naufragar.

Otro frente de trabajo que tenemos que resolver con toda responsabilidad es la forma para generar riqueza en Bogotá. Necesitamos distribuir mejor la riqueza existente.  Pero también requerimos que la torta sea más grande. El Siglo XXI es el siglo de la competencia. Y la ciudad debe estar bien preparada para esa realidad abrumadora. Desafortunadamente en muchos campos no lo estamos. Tal es el caso de la infraestructura cuyas falencias son interminables.

En nuestra administración empezaremos a pagar la deuda que Bogotá tiene con la movilidad con acciones concretas e inmediatas y dejaremos sentadas las bases para la transformación urbanística de la ciudad a través medios de transporte masivo. Es así como terminaremos bien las obras que actualmente se ejecutan; optimizaremos la gestión del tránsito; ampliaremos y mejoraremos el servicio de Transmilenio; pondremos en marcha el tranvía por la séptima, construiremos el metro; le apostaremos a los cablemetros, conjunto de medidas inaplazables para mejorar la movilidad de los bogotanos y bogotanas.

Pero nada sacamos con un gran desarrollo urbano si éste se consigue a costa de la degradación del medio ambiente. Las recientes olas invernales que tanto dolor causaron, son un llamado de alerta sobre la necesidad de que al medio ambiente no se le proteja a medias. Este compromiso con el medio ambiente no involucra sólo al Estado. Los habitantes de la capital juegan un papel preponderante y por eso insistiremos en lo que hemos llamado “Ecocultura Ciudadana”. Incentivaremos a los hogares y empresas a hacer realidad las tres erres: reducir, recuperar y reciclar. El respeto por la estructura ecológica principal nos debe moldear una ciudad densa, compacta e integrada con la región, modelo que guiará nuestro proyecto de ciudad.

Nuestro modelo de ordenamiento territorial de la ciudad sentará las bases para reducir las distancias y los tiempos de desplazamiento de los bogotanos y bogotanas. Si desconcentramos las oficinas de atención del Distrito Capital, si construimos colegios vecinales, si instalamos más unidades básicas y primarias de atención, si construimos más parques metropolitanos, si hay más tiendas de barrio, a los capitalinos no se nos irá la vida en un trancón.

Todo el modelo de ciudad que proponemos tiene dolientes de carne y hueso. Personas que desde que nacen deben estar preparadas para  enfrentar todos los retos que la vida nos impone. Cada etapa del ciclo vital tiene requerimientos diferentes y es función del Estado brindar todas las garantías necesarias para que las capacidades de cada uno de los bogotanos y bogotanas sean potencializadas, permitiéndoles asumir, de la mejor manera posible, los desafíos que a cada paso nos encontramos y que nos lleva a acumular, con el paso del tiempo, sabiduría y experiencias que también deben ser protegidas y valoradas por las instancias de decisión pública. Nuestra propuesta no desconocerá esta realidad y tendrá un aparte dedicado a la primera infancia, a las niñas, niños y adolescentes, a los jóvenes y a los adultos mayores proponiendo acciones que mejorarán su calidad de vida. 

La inequidad en el acceso a los servicios sociales y la discriminación como afectación cultural al legítimo ejercicio de los derechos, son espacios propicios para la intervención del Estado. Las poblaciones en condición de vulnerabilidad, necesitan la compensación que viene desde lo público para superar las condiciones que limitan su potencial. Superar las barreras del entorno físico y del aislamiento social que se les imponen a las personas en condición de discapacidad es una meta de nuestro gobierno. Entender y rehabilitar a los habitantes de calle dándoles una nueva oportunidad, cuando así lo deseen, es una responsabilidad que tenemos con esta población olvidada. Para las personas afectadas por el desplazamiento forzado, es inaplazable mejorar la atención primaria de emergencia, restituirles los derechos y brindar todas las oportunidades para el retorno o para su inserción en la ciudad, en las mejores condiciones posibles, desafío en el cual la acción del gobierno nacional  es ineludible. La vulnerabilidad es un reto para probar que la institucionalidad pública sí puede actuar y así lo vamos a demostrar en nuestro gobierno.

La vulneración a los derechos en Bogotá también pasa por la óptica del género. En Bogotá más de la mitad de la población son mujeres: del total de 7.467.804 habitantes el 51.77% son mujeres y el 49.23% hombres. Esta información ha pasado desapercibida para los gobiernos distritales.

Nuestra propuesta para la equidad de género, se centra en hacer visible que la mitad de la población en Bogotá son mujeres. No son una minoría pero, sin embargo, no cuentan con el reconocimiento que merecen por parte del gobierno y del resto de la sociedad. El ejercicio de sus derechos se ve mermado por factores estructurales sobre los cuales nuestro gobierno trabajará: siendo mayoría tienen menor acceso a empleos de calidad; estando en muchos casos mejor preparadas reciben salarios/honorarios menores a los de los hombres; el diseño de las  políticas sectoriales, como las de seguridad, movilidad, transporte masivo y salud no tienen en cuenta estrategias diferenciales que hagan que las mujeres efectivamente puedan gozar y ejercer el derecho que subyace a la acción del Estado. 

Todas estas acciones que hemos descrito las llevaremos a cabo de la mano de la  ciudadanía. Ella será nuestra aliada pero también nuestra más implacable veedora. Creemos firmemente que las políticas públicas son más exitosas si surgen de procesos participativos y no de decisiones de burócratas a puerta cerrada.

Quisiera terminar señalando que algunos quieren volver al pasado. Otros seguir en el presente. Yo quiero que miremos al futuro. No un futuro lejano, inalcanzable, si no del futuro que inicia hoy. Un futuro donde la política se haga para defender el interés general y no mezquinos intereses privados. Un futuro donde los recursos públicos se destinen a lograr la equidad de todos los capitalinos y no a enriquecer los bolsillos de unos pocos. Un futuro donde la acción de gobierno fortalezca las capacidades y le permita a todos y a todas cumplir su proyecto de vida. Un futuro donde el desarrollo urbano de la ciudad tenga un rostro humano. Un futuro donde entendamos que la mejor herencia que le podemos dejar a las próximas generaciones es la de una ciudad limpia, sostenible y amigable con el medio ambiente. Un futuro donde Bogotá se inserte exitosamente en los mercados globales y sea capaz de generar empleos dignos para sus habitantes. En fin, un futuro donde, sin excepción alguna, quepamos todos.

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