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Programa de Gobierno

Carlos Galan

Discurso Lanzamiento Programa de Gobierno

25 de julio de 2011

Bogotá se enfrenta a la mayor crisis institucional de los últimos tiempos. El gobierno actual deja la ciudad en una encrucijada de la cual sólo saldrá con el liderazgo de un alcalde capaz de enfrentar la crisis, pero sobre todo de guiarla hacia el futuro que se merece, de la mano de todos los bogotanos y bogotanas.

Hoy estamos pagando el precio de una elección equivocada, pero ya no nos volveremos a equivocar, no vamos a permitir que quienes contribuyeron a este desastre sigan gobernando.

Frente a la crisis, algunos candidatos añoran el pasado; otros sólo pretenden seguir en el presente. Yo les vengo a hablar del futuro: no un futuro lejano e inalcanzable, sino el futuro que ya llegó y que empezamos a construir desde ahora.

Los bogotanos están a la espera de nuevas ideas y reclaman nuevos dirigentes para hacerlas realidad.

Nosotros vamos a hacer política en Bogotá únicamente para defender el interés general y no mezquinos intereses privados. Destinaremos los recursos públicos a lograr la equidad de todos los capitalinos y no a llenar los bolsillos de unos pocos.

En la ciudad del futuro que comenzamos a construir hoy, la acción del gobierno fortalecerá las capacidades individuales y permitirá que todos cumplan su proyecto de vida; el desarrollo urbano tendrá un rostro más humano; Bogotá se insertará existosamente en los mercados globales, generando empleos dignos para sus habitantes; dejaremos como legado a las próximas generaciones una ciudad limpia, sostenible y amigable con el medio ambiente.

Todo esto requiere un aparato estatal moderno, eficiente y transparente al servicio de todos los ciudadanos, sin distinción alguna.

Algunos señalan que no tengo experiencia. Y tienen razón, no tengo experiencia asaltando el erario, no tengo experiencia repartiendo contratos, no tengo experiencia sacando mordidas, y desde ya puedo garantizarles que jamás voy a tener esa experiencia, porque no podemos hacer la política del siglo XXI con las mismas mañas del siglo XX.

Nuestro gobierno será ejemplo de ejecución pulcra, no nos conformaremos con que no se pierda un solo peso por corrupción, sino que además garantizaremos que cada peso que se invierta se traduzca en una mejoría en calidad de vida. 

Para ello, recuperaremos el presupuesto por metas y resultados, garantizando que 7 millones 400 mil bogotanos sean los vigilantes de su ejecución.

Pondremos en marcha un sistema virtual de rendición de cuentas para que los capitalinos puedan conocer en tiempo real la ejecución de las obras.

En las licitaciones, ningún pliego de condiciones estará hecho a la medida de un cierto proponente, anomalía que llevó a pasadas administraciones a excluir a las empresas que ofrecían mejor calidad y precio, en detrimento del patrimonio de los bogotanos, que somos los que padecemos las consecuencias de la ejecución de obras por personas no idóneas.

Acabaremos la subcontratación desmedida, que en los últimos años se ha traducido en ineficiencia administrativa y corrupción; y democratizaremos la contratación pública mediante una exposición anual en la que todas las entidades del Distrito darán a conocer las obras y servicios que van a contratar el año siguiente.

De esta forma todos los interesados conocerán de manera transparente esas oportunidades y la ciudadanía podrá ejercer control sobre la contratación en la ciudad.

Los anticipos serán manejados por fiducias o patrimonios autónomos. En lugar de más proyectos improvisados, sólo iniciaremos proyectos que estén maduros, con estudios terminados; y fortaleceremos las oficinas de control interno para que éstas sean los ojos y los oídos del Alcalde dentro de cada entidad pública.

El mensaje es claro y contundente: no más carteles, no más roscas, no más favoritismos en las pequeñas ni en las grandes contrataciones.

Hoy asumo ante ustedes un compromiso firme e indeclinable de hacer un gobierno decente, con personas decentes y para cumplir fines decentes.

Bogotá no necesita un alcalde que lo firme todo. Bogotá necesita un equipo que esté firme siempre. Que a nadie le quepa la menor duda, los ladrones de cuello blanco serán blanco de nuestra acción.

Nuestro gobierno será recordado como aquél que logró recuperar la confianza y el orgullo de los bogotanos y bogotanas por su ciudad y sus instituciones. Amigas y amigos: En la Bogotá del futuro, los corruptos ya no tienen espacio.

El estado moderno, eficiente y transparente que les ofrecemos tendrá como razón de ser la gente, las 7.400.000 personas que habitan esta hermosa ciudad.

Un gobierno que olvide que su misión es mejorar las condiciones de vida de todos los capitalinos, habrá perdido el norte y estará destinado a naufragar.

Por eso haremos una administración de derechos, que ofrezca oportunidades a todos: a los niños y jóvenes, con alternativas educativas, culturales y deportivas; a los adultos mayores que tanto han aportado al progreso de la ciudad y que no quieren ser relegados sino, por el contrario, seguir creando y contribuyendo con su sabiduría; a las mujeres a quienes les garantizaremos sus derechos, toda política pública tendrá perspectiva de género; a la población LGBTI, que dejará de temer y podrá acceder a empleos dignos e igualitarios; y a la población en condición de discapacidad, con obras locales que les permitan acceder a los servicios del estado, a los centros de producción y al empleo.

En los últimos años, desde el típico “raponazo” en la carrera 10a, pasando por el robo de celulares en el transporte público, las violaciones y el “paseo millonario” hasta las modalidades más sofisticadas de narcotráfico y extorsión han hecho de Bogotá una ciudad inhóspita para sus habitantes.

Decir que en Bogotá hay bandas como los Pascuales y los Tarazona en Usaquén y los paisas en Mártires se ha convertido en un lugar común, dejemos tanto discurso,  ¡acabémos con esas bandas delincuenciales!  

En nuestro gobierno los que tendrán miedo serán los delincuentes y no los ciudadanos. Desde el primero de enero del 2012, con liderazgo, recuperaré el papel preponderante del alcalde en los temas de seguridad.

Uno de los más nefastos legados de la actual administración es el desdén con que abordó esta materia, a pesar de que nunca en la historia Bogotá había tenido tantos recursos para la seguridad. 

Para recuperar el derecho de la gente a vivir su ciudad, vamos a crear la Secretaría de Seguridad y Convivencia, que coordinará los más recientes avances tecnológicos para disuadir y judicializar a los delincuentes, la inteligencia para perseguir el crimen organizado y las acciones para vivir sin miedo.

Bogotá requiere más y mejores policías, por lo cual incorporaremos a 5.500 uniformados de la mano de la Nación con un costo anual de 137.500 millones.

Esto lo podremos financiar pues vamos a acabar el despilfarro actual de recursos en el Fondo de Vigilancia y Seguridad.

Mientras a los bogotanos nos han robado en las calles,  a Bogotá se la robaron en éste gobierno. ¡Pero eso se acabó!

En mi gobierno este Fondo dejará de ser un fortín politiquero y una feria de contratos y nos permitirá mejorar la seguridad, especialmente para los ciudadanos de a pie, que no tienen vigilancia privada, rejas ni carros blindados para defenderse.

Pero nada sacamos con más policías si estos no están capacitados para luchar contra el crimen capitalino. De poco o nada nos sirve que el cuerpo policial se llene de efectivos formados para enfrentar a la subversión en el Putumayo y que desconocen por completo las dinámicas delincuenciales que atemorizan y azotan a los bogotanos y bogotanas.

La policía trabajará para los capitalinos y les rendirá cuentas de sus resultados, mientras que los ciudadanos podrán vigilar a sus vigilantes y exigirles más acción y cero corrupción.

Haremos el espacio público seguro para todas y todos mediante un mejor entorno urbano: mantendremos la ciudad iluminada, con obras públicas bien demarcadas y señalizadas, sin escombros amontonados ni los actuales “laberintos de polisombras” que son caldo de cultivo perfecto para la delincuencia.  

No vamos a permitir que a las mujeres, a los jovenes o a los adultos mayores les de miedo caminar debajo de un puente o por una calle en la noche.

Un ambiente seguro es propicio para la inversión y la generación de empleo digno. Para insertarse en el mercado global, Bogotá debe ser competitiva y productiva, generar riqueza y distribuirla entre todos sus habitantes.

La Bogotá del siglo XXI tiene un gran potencial para ser un centro de negocios de primer orden, pero sólo podrá sacar el máximo provecho de la globalización si enfrenta con decisión y visión de futuro los retos actuales y, sobre todo, los enormes desafíos por venir.

Para ello, la ciudad debe preparar su infraestructura y su capital humano, y debe ser ambiciosa pero realista en el rumbo que debe tomar el transporte de los bogotanos a sus trabajos, colegios o lugares de esparcimiento.

En la ciudad del futuro Juliana Morales, madre cabeza de familia, no puede seguir gastando cuatro horas diarias para desplazarse del barrio Santa Librada en Usme a la Fundación Santa Fé, gastando en un trancón el tiempo que podría dedicar a disfrutar la ciudad y a los suyos.

Es que no vamos a permitir que los bogotanos sigamos pasando la mitad de nuestras vidas trabajando y la otra mitad intentando llegar al trabajo. 

Porque nuestro tiempo es valioso, le apostamos al metro, que es el medio de transporte que más reduce la duración de los desplazamientos en la ciudad y es un motor de transformaciones urbanas. Samuel Moreno salió elegido con la promesa de un Metro pero no fue capaz de inaugurar  ni un metro de Transmilenio.

La pregunta ya no es si el metro le conviene o no a la ciudad. La pregunta es cómo vamos a hacerlo.

El metro que proponemos recorrerá la columna vertebral de Bogotá, la avenida Caracas y la Autopista Norte, saliendo de la Escuela de Artillería en Usme y llegando a la calle 193, donde se conectará con el transporte intermunicipal y con el tren de cercanías.

Y al tiempo promoveremos el uso de la bicicleta, con una ciclorruta ininterrumpida de 11.2 kilómetros sobre lo que actualmente es Transmilenio en la Caracas, bordeada de un corredor ambiental.

Nuestra línea de metro va a satisfacer la demanda del presente y el futuro de Bogotá, porque conectará las dos zonas de mayor expansión de la ciudad, Norte y Usme, que sumadas tendrán en 20 años 700.000 personas, un poco más que la actual población de Bucaramanga.

Además, nos permitirá recuperar el centro, para que los bogotanos y bogotanas de menores ingresos lo habiten. La renovación urbana a lo largo de su eje traerá espacios para la vivienda popular y para zonas de comercio y servicios que generen empleo digno, para que no se nos vaya la vida en un trancón.

Desde ahora toda inversión en medios de transporte en Bogotá se pensará así, como motor de desarrollo y no como simple instrumento para trasladar pasajeros de un lado a otro.

No vamos a seguir indefinidamente reparando losas. Con el metro por este corredor, podremos trasladar la infraestructura existente de Transmilenio por la Caracas a un nuevo corredor que requiera de este sistema.

Pero no nos vamos a quedar cruzados de brazos con el Transmilenio como está hoy. ¿Quién dijo que los pasajeros tienen que parecer sardinas en lata entre gérmenes y vidrios empañados, y que las mujeres tienen que aguantarse los manoseos en los buses saturados de Transmilenio?

¡Pues no! El hecho que nos hayamos acostumbrado a esas condiciones no significa que sea normales ni mucho menos aceptables.

Vamos a aprovechar la flexibilidad de este sistema para conectar las diferentes troncales, terminaremos la conexión de la Calle Sexta, ampliaremos las estaciones que lo requieren, no permitiremos que paren más de 3 rutas en la misma puerta en hora pico y desplegaremos una estrategia para convertir el sistema en un espacio realmente seguro.

Harán parte del sistema los cablemetros como elementos de integración entre las zonas deprimidas y la ciudad consolidada.

Así garantizaremos a quienes viven en la periferia de la ciudad el derecho a la movilidad a través de un mayor acceso, cobertura y disponibilidad a los centros de empleo, convirtiéndose en dispositivos transformadores del espacio público.

Construiremos los cablemetros en Ciudad Bolívar, San Cristóbal y Usaquén y haremos de las estaciones nodos de cultura e integración social.

Además, construiremos un tranvía por la carrera 7a desde la localidad de San Cristóbal hasta la calle 170 para mejorar la movilidad de los habitantes de barrios como San Isidro, El Sosiego, Calvo Sur y las Cruces.

La recuperación de la Candelaria como centro histórico de la ciudad y de la séptima como corredor turístico, comercial y residencial, amerita un transporte ambientalmente sostenible y amable con el ciudadano y ese es el tranvía.

Las Autopistas Urbanas serán una realidad en nuestro gobierno, siempre bajo consideraciones de sostenibilidad ambiental y desarrollo urbano incluyente.

Bogotá tiene cerca de 15% de sobrecostos en la carga que atraviesa la ciudad, en comparación con otras capitales latinoamericanas que sí tienen variantes para movimiento de vehículos de carga.

Para superar esta desventaja y hacer la ciudad más competitiva, vamos a desarrollar la 13, la ALO y la extensión de la Boyacá hacia el norte con Transmilenio, cobrando exclusivamente por el uso de las nuevas calzadas, pero nunca por usar las vías existentes.

El saldo que nos deja la actual administración es lamentable, y somos los bogotanos y bogotanas quienes padecemos hoy las consecuencias de la negligencia, la desidia y la corrupción de estos cuatro años.

Necesitamos transformar la ciudad, rehabilitar espacios deprimidos y hacerlos más productivos, mejorar las condiciones de vida y acercar la vivienda al empleo, a la educación y al esparcimiento para que la ciudad se construya para la gente, y no sólo para los vehículos.

Por eso, la renovación urbana es la clave de una apuesta por la equidad. La ciudad debe priorizar zonas donde la renovación del espacio público (vías, parques, equipamientos y tubos) preceda la llegada de una mayor cantidad de personas.

La ciudad del futuro exige coexistencia de comercio y vivienda en zonas que, por cuestiones ambientales, así lo permitan; mejor cobertura de servicios públicos y participación de propietarios en los proyectos de renovación urbana, con miras a que éstos permanezcan en las zonas renovadas y participen en la intervención inmobiliaria. 

Lugares cercanos al Restrepo, 20 de Julio, Venecia y Puente Aranda, por ejemplo, son territorios propicios para una renovación urbana social en la que tendrán lugar las clases media y baja de la ciudad.

Mejoraremos el otorgamiento y ejecución del subsidio complementario, aumentando la oferta de vivienda, poniendo en marcha los macroproyectos regionales siempre y cuando se garantice que no se convertirán en guetos o ciudades dormitorio, y aceleraremos el proceso para urbanizar los 1.187 predios declarados de desarrollo prioritario en la ciudad y adelantando el Leasing habitacional que, para el caso de la población adulta mayor, será con un valor muy bajo y, si es del caso, subsidiado.

De esa forma construiremos 200.000 viviendas de interés social y prioritario en el cuatrienio para crear espacio urbano para las clases bajas y medias, hoy olvidadas por la política pública de vivienda.

Al solucionar el problema de vivienda, se reducirán las ocupaciones informales alrededor de quebradas, ríos, humedales y otras zonas de alto riesgo y, con ellas, los gastos de desmarginalización, transporte y cobertura en salud y educación para esa población.

Vamos a hacernos cargo de los pobres en lugar de expulsarlos a las periferias, pues con esto pierden ellos y pierde la ciudad.

Construir la ciudad del futuro implica jugársela toda por el capital humano. El principal activo de la ciudad es su gente: millones de personas honestas, trabajadoras, emprendedoras que están a la espera de que el Estado les dé oportunidades y haga realidad sus derechos.

Por eso bajo nuestro gobierno la educación será un pilar esencial, como llave para (1) una ciudadanía activa y participativa en política; (2) como escalera de ascenso social y (3) como puerta a la productividad en lo económico.

Si bien Bogotá ha avanzado en esta materia en los últimos años, con tasas de cobertura cercanas al 100% en educación básica y media, el gran desafío es lograr que esos cientos de miles de estudiantes que asisten a las instituciones públicas salgan realmente preparados para asumir los retos del Siglo XXI.

Esto exige que la calidad del sistema educativo sea una preocupación no sólo del gobierno, sino de la sociedad en su conjunto.

Lamentablemente, en vez de ser un generador de equidad, la educación se ha convertido en un factor de exclusión en nuestra ciudad.

Basta ver los resultados en las pruebas ICFES para comprobar la magnitud de esa brecha que fractura nuestro tejido social.

El maestro será el motor de la trasformación del sistema, lo cual exige  capacitarlo en técnicas pedagógicas de vanguardia, actualizarlo en nuevas tecnologías y hacerle constante seguimiento y evaluación, en un proceso que involucre a toda la comunidad educativa: alumnos, padres y directivos.

También daremos estímulos a los planteles que mejoren su desempeño en las pruebas de Estado y premiaremos con un bono de rendimiento a los maestros que hayan sido partícipes de tales resultados.

Cada vez hay más consenso sobre la necesidad de desmontar la doble jornada, para lo cual pondremos en marcha la figura del leasing donde los particulares construyen las edificaciones y el Estado las toma en arriendo por períodos de 20 años.

Tenemos que ser audaces para superar el cuello de botella en el que a 70.000 jóvenes de Bogotá se les cierra la puerta de acceso a la educación superior cada año.

Por eso tenemos propuestas ambiciosas como: apoyar el crecimiento de la Universidad Distrital, la ampliación de cupos, de sus programas académicos profesionales, la creación de programas técnicos y tecnológicos y su desconcentración a localidades con alto déficit de cobertura  de educación superior como Ciudad Bolívar, Engativá y Suba.

También reforzaremos el estudio de un segundo idioma en cada vez más instituciones educativas distritales, brindando estímulos a los docentes que manejen un segundo idioma para que mejoren sus metodologías y métodos de aprendizaje.

En desarrollo de la actual Alianza Educativa que adelanta el Distrito, aprovecharemos las instalaciones de los colegios oficiales para ofrecer programas de formación técnica y tecnológica a bajo costo, con oportunidades de crédito y subsidios condicionados a la permanencia.

Pero no podemos condenar a todos los jóvenes de escasos recursos a conformarse con la formación técnica y tecnológica cuando su interés sea acceder a la educación profesional.

Por eso la alianza con Instituciones de Educación Superior debe avanzar hacia la educación profesional, universalizándola y cerrando las brechas en calidad con el sector privado para que los jóvenes puedan capacitarse y sean competitivos en las opciones que ellos decidan.

¿Quién dijo que los jóvenes no pueden decidir por sí mismos? Nada de eso… los jovenes tienen criterio.

También crearemos el Fondo Universidad en Convenio para otorgar créditos-beca a los mejores bachilleres, así como apoyos económicos de manutención, con recursos del sector privado y de cooperación internacional, para que cada semestre los mejores 1000 bachilleres de colegios oficiales de estratos 1, 2 y 3 estudien en la universidad que ellos deseen.

El crédito-beca será condonado hasta en un 70% por excelencia académica y en un 100 % si una vez graduado se vincula laboralmente al distrito. Y abriremos una nueva línea de crédito para la financiación de docentes del distrito y estudios de postgrado para estratos 1, 2 y 3.

Estas iniciativas educativas se enlazan con oportunidades para generar ingresos dignos como la segunda etapa de los comedores comunitarios, que implementaremos para promover  las actividades productivas de sus usuarios a través de la generación del capital social acumulado que mitigue su vulnerabilidad e impida la eterna dependencia del asistencialismo del estado.

Crearemos el programa “Emprendedores por Bogotá” con acompañamiento técnico a los pequeños productores y a los comercios de barrio para que mejoren sus procesos productivos, su eficiencia y se capaciten en mercadeo.

Abriremos caminos para que las grandes empresas y las MiPymes puedan asociarse entre sí y expandir el mercado de los pequeños productores y comerciantes.

¿Por qué no abastecer los inventarios de las grandes superficies comerciales con vestuario de San Victorino, zapatos del Restrepo y muebles de Bonanza?

Podemos lograrlo si los micro y pequeños empresarios encuentran en la Secretaría de Desarrollo Económico un aliado para su asistencia técnica, lo cual se traducirá en la formalización de las actividades productivas, la generación de empleo de calidad y un mayor recaudo tributario para la ciudad.

En Perú, una política similar dejó ganancias para los pequeños productores de alrededor de 3.500 millones de dólares. En Bogotá podemos hacerlo.

Incentivaremos las microfinanzas para tenderos y vecinos de barrio, llevando al menos a un corresponsal no bancario a cada barrio, otorgando subsidios a los corresponsales que se ubiquen en áreas periféricas.

Ampliaremos el acceso al financiamiento como capital de riesgo, crédito a pymes, seguros, ahorro y crédito comunal, a través de asesores de microcréditos y banca móvil de las entidades financieras.

Para ello seguiremos el ejemplo del programa de apoyo al microcrédito de cooperación estadounidense, que con una inversión de 6 millones de dólares logró apalancar capital financiero por 2 billones de pesos.

No se trata entonces de que el Distrito se vuelva un banco, se trata es de apalancar el acceso al microcrédito.

Pero no podemos apostarle al capital humano sin garantizar una salud de calidad que ofrezca un trato digno a los pacientes, en lugar de tratarlos como ciudadanos de segunda.

La ciudad tendrá una red de atención pre-hospitalaria de emergencias, de calidad, eficiente y oportuna.

No hay presupuesto público que aguante si no hay atención primaria.

Por eso, teniendo como prioridad la promoción y prevención en salud, evaluaremos e intervendremos los entornos de los hogares sisbenizados para disminuir factores determinantes para enfermedades de alto costo que representan un alto porcentaje del presupuesto de la red pública distrital.

Fortaleceremos el Plan Ampliado de Inmunización y modernizaremos la gestión administrativa de los hospitales públicos para que las intervenciones quirúrgicas especializadas dejen de costar el doble que en las instituciones privadas.

No habrá más politiquería en hospitales públicos, porque la salud es un derecho y por eso no hay derecho que la conviertan en un botín político a costa de las vidas de los capitalinos.

Robusteceremos el sistema de información en salud empleando nuevas tecnologías para facilitar el acceso pronto y oportuno de los usuarios.

Ya nadie tendrá que padecer engorrosas diligencias antes de solicitar una cita médica o incluso para ser atendido en urgencias, porque la historia clínica será digital y en línea.

No más ancianos enfermos pasando largas horas en filas interminables en las heladas madrugadas bogotanas, esperando una ficha para que el Estado cumpla con una misión que no es caridad, que es su obligación.

Para que la ciudad sea competitiva en un mundo globalizado, es clave la inversión en ciencia, tecnología e innovación.

Para ello, vamos fortalecer la Alianza Universidad Empresa Estado para poner este tema en la agenda pública, incentivando su desarrollo mediante descuentos en el pago del ICA a aquellas empresas que realicen donaciones a centros de investigación, a instituciones de educación superior y a aquéllas dedicadas al desarrollo tecnológico y a procesos de innovación.

Promoveremos el establecimiento de empresas y proyectos de ciencia y tecnología en el “Distrito CTeI” en la zona industrial de Puente Aranda, y realizaremos deducciones tributarias con ocasión de la inversión directa y la generación masiva  de empleos.

Para hacer realidad la vocación social de la ETB, emprenderemos el más ambicioso plan de conectividad que se haya llevado cabo en la ciudad. Nuestra meta es llegar a 1 millón 30 mil hogares de estratos 1 y 2, a través de redes inalámbricas.

Esto costará 200.000 millones de pesos anuales, pero su rentabilidad social será incalculable, puesto que materializará el derecho de los ciudadanos a acceder a la información y a las telecomunicaciones.

Este gran proyecto tiene como fundamento la sostenibilidad ambiental en todas nuestras acciones.

Las políticas ambientales deben tener como hoja de ruta la diminución de la huella ecológica, comenzando con la protección de nuestros ecosistemas.

Priorizaremos el desarrollo del parque lineal de los cerros para demarcar la cota urbana e impedir nuevas construcciones que degraden esta reserva forestal, con lo cual se integrará a los cerros como un espacio público aprovechable para la recreación pasiva.

También expediremos Planes de Ordenación y Manejo de Cuencas para los ríos Tunjuelo, Fucha, Salitre y Torca, afluentes del río Bogotá,  y transformaremos los 13 humedales en santuarios de flora y fauna.

Pero, como al medio ambiente no se le protege a medias, nada de esto será suficiente sin una “Ecocultura ciudadana” que incluya las tres erres: Reducir, recuperar y reciclar.

Desde la Alcaldía, y teniendo en cuenta que los hogares son los mayores contaminantes del Río Bogotá, promoveremos una cultura ciudadana que transforme los hábitos del hogar y de los lugares de trabajo, encaminando a la ciudad hacia un consumo responsable con incentivos para el uso de equipos ahorradores de agua, reciclaje de aceites y pinturas en las viviendas.

No creo en el falso dilema según el cual la consolidación de los logros en el campo social es incompatible con una apuesta por una ciudad competitiva con infraestructura moderna y un aparato policial de punta. De la mano de la nueva generación demostraremos lo contrario. 

La ciudad del futuro que empezaremos a construir el primero de enero de 2012, será una ciudad pensada en la gente y para la gente. Detrás de cada obra habrá un bogotano o una bogotana que encontrará en la acción del Distrito un vehículo para desarrollar todo su potencial, para tener un entorno saludable y digno, para tener un ingreso que satisfaga sus necesidades, para educarse y socializar, para contar con espacios de recreación y gozarse la ciudad. En cuatro años, los bogotanos perdimos la confianza. En solo un día, el próximo 30 de octubre, podremos recuperarla.

Mi nombre es Carlos Galán y vengo a comprometerme con todos ustedes y con todos los que crean en la fuerza de la voluntad, en la fuerza de las ideas y de los hechos y en la fuerza de la honestidad.

Mi nombre es Carlos Galán y vengo a decirles: llegó el futuro.

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